Hoy es un día de esos en los que me levanto y te echo de menos. Así, como suena, sin más porqués, sin más explicaciones y sin ningún disfraz.
Echo de menos cuando quedábamos y nos íbamos por ahí, donde fuera, a charlar de nuestras cosas.
Echo de menos esas conversaciones que no tenían fin, nos salía tan bien eso de hablar sin parar, saltar de los estudios, a la familia, las amigas, los amores imposibles, los sueños, las pelis que queríamos ver y la música que nos emocionaba, algún que otro cotilleo.
Echo de menos los ciegos de ron y coronitas, las risas tontas, las conversaciones de las que luego no nos acordábamos.
Echo de menos las horas muertas sentadas en un banco con una bolsa de gominolas y nada más que hacer.
Echo de menos las discusiones, aquellos problemas que teníamos que no me dejaban dormir por las noches y que hacían que me levantara con ganas de verte para hablar del tema y arreglarlo.
Echo de menos las confesiones, los abrazos, la complicidad y, en resumen, nuestra amistad.
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