Hubo un momento en el cual logramos ser mejores amigas dos personas a las cuales solo les hacía falta una simple mirada para comunicarse. Por alguna razón nuestros caminos tomaron distintos rumbos y nos separamos.
Hace tiempo cuidábamos cada minuto ese lazo de confianza, pendientes en cada momento a cada detalle, no nos hacía falta buscar un hueco en la agenda para hablar bastaba una simple llamada de teléfono, para contarnos en cinco minutos todas y cada una de las tonterías que nos habían sucedido durante el día, cuando de verdad nos pasaba algo, inconscientemente estábamos allí apoyándonos, aunque tuviéramos que dar la espalda al resto del mundo y mucho menos hacía falta un “ven porfa, ni un, ¿Hablamos?”. Porque los piques sin importancia no duraban más de tres horas, y porque a la hora de un enfado de verdad, sabíamos mirarle el lado bueno por muy pequeñito que fuese, porque nunca hemos sido capaces de dejar de dirigirnos la palabra, de pelearnos para siempre. Quizás, por miedo a perdernos, éramos capaz de perdonar cualquier cosa, y volver a estar bien, hemos bombardeado aquel lazo de confianza muchas veces pero dispuestas a reconstruirlo. Nos hemos fallado muchas veces, nos hemos decepcionado, y hemos cometido un miles de errores, pero a eso le sustituye la importancia de las millones de veces que hemos estado ahí, que nos hemos hecho reir, que hemos compartido momentos tan buenos como el molière, el universitas o una simple tarde con dos coronitas, las veces que superamos la decepción con un simple “ no te preocupes que estoy aquí para siempre” porque simplemente pensábamos que iba a ser verdad, y porque de los errores hemos aprendido.
Y ahora sin embargo perdimos esa magia, nos cansamos, decidimos buscar nuevos ambientes… Pero por mucha decepcion que exista, muchos cabreos, aunque llevemos tiempo sin saber de nosotras, sin hablar, sin prestarnos la atención que nos merecemos, sin vernos poniendo excusas baratas, aunque ahora hagamos de una gota de agua un océano… Por mucho que lo neguemos que pensemos ya paso me es indiferente, simplemente hago mi vida…
Al final Siempre quedaran los buenos momentos, y lo demás quedará en el olvido, y ahora aun no es tarde para solucionarlo.
Porque sabemos que por muchos amigos nuevos, nos necesitamos.
y solo espero que seamos capaces de no dejar que nuestro orgullo traicione nuestros corazones…
Que abramos los ojos y nos dejemos de gilipoyeces por una vez, hablemos como personas maduras, como hemos aprendido a lo largo de los años, sin faltarnos el respeto por mucho cabreo que exista de por medio.
A veces, cuesta mucho más eliminar un sólo defecto que adquirir cien virtudes.
lunes, 10 de mayo de 2010
No dejes que tu orgullo traicione tu corazón
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario